Política y religión, un juego de cara o cruz

Jorge Julio GonzalezLa máxima hipócrita por excelencia de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, parece ser una táctica recurrente, tanto en política como en el ámbito religioso de todos los tiempos.

De manera que desde Adán hasta nuestros días es común ver a políticos vestirse de inocentes ovejas, y a religiosos entrar en la política para, desde allí, según explican, trabajar para sus fines.

Los participantes de un bando saben el juego del otro, aceptan las reglas y confían en que, en general, la gente es desmemoriada, inocente, crédula hasta lo indecible o, cuando menos, indiferente.

Lo cierto es que cada vez la política se muestra más religiosa y la religión más política.

Deben pasar muchos años para se vea como algo grotesco e inusitado, por ejemplo, los intentos de modificar la Biblia imprimiendo un texto adecuado a particulares objetivos, como sucedió con la recientemente tan comentada “Biblia de Hitler”.

Pero hoy asentimos con un gesto de cómplice inteligencia cuando un evangelista nos dice que se dejaría manipular con tal de que La Habana o Pyongyang lo inviten a predicar en sus actos oficiales o le permitan plantar una oficina de su denominación.

A propósito de La Habana, leemos impávidos como católicos, protestantes y santeros se unieron en una poca común coincidencia en sus ruegos: pidieron por la salud de Fidel Castro. “Cada cual lo hizo a su modo –reseña el cable de la AFP–, pero todos públicamente, de tal manera que, en otro suceso poco común, Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba (PCC) y periódico oficial, publicó reseñas de las tres celebraciones”.

“El llamamiento coincidente de los obispos católicos, los pastores protestantes y los babalaos de la santería puede tener muchos oídos receptivos en una sociedad inquieta por las repercusiones que pueda tener la salida definitiva de Castro del Gobierno o su muerte”, indica la nota de prensa.

Religiones y credos fueron marginados y mal vistos en Cuba durante décadas, mas en 1992 el Congreso del Partido Comunista se pronunció por la libertad e igualdad religiosa en el país y aprobó la admisión de creyentes en sus filas. Se promovieron algunas organizaciones evangélicas que se identificaran política e ideológicamente con el Gobierno (dos pastores son diputados al Parlamento), al igual que a santeros agrupados en la Asociación Yoruba de Cuba, también fieles al régimen. Aunque, valga la salvedad, la jerarquía católica, otros sectores del protestantismo y cultos africanos mantienen aún grandes diferencias con el oficialismo.

Los cultos a favor del mandatario cubano, se hizo evidente, trascendieron los propósitos humanitarios para convertirse en generosas manifestaciones de apoyo político.

Por cierto, hace poco más de un año vino a Miami (otro predio cubano muy politizado) un afamado escritor cristiano que para endulzarle los oídos a los presentes dijo en una conferencia que el propio Fidel Castro le había escrito interesándose por su libro, y que él, ni corto ni perezoso, se lo había enviado con una senda dedicatoria, con la esperanza, comentó guiñando un ojo, de que el testarudo ateo se convirtiera. Por supuesto que ni Castro estaba realmente interesado en las ideas evangelizadoras del libro ni el autor creía en semejante milagro, pero ambos echaron sus naipes.

¿Águila o sol?
Todavía, sin embargo, leemos con alivio declaraciones como las que hace unos días hizo el reconocido teólogo bautista peruano Samuel Escobar sobre la relación Iglesia-Estado. Escobar dijo que “la Iglesia, cuya tarea es el anuncio del Evangelio, debería mantener una distancia crítica del Estado, para levantar la voz profética en situaciones que lo exijan”.

Política y religión van de la mano, pero en realidad son dos caras de monedas diferentes.

A esta conclusión llegó temprano otro cubano, Justo Gonzalez, ese maestro de la literatura evangélica latinoamericana, quien da testimonio en el menos leído de sus libros, La revolución que falta, de cómo se salió del juego, pues “en la revolución cristiana no puede tener vigencia el que más se impone, si no el que mejor sirve”.

Cuando los fariseos tiraron una moneda al aire ante Jesús, plantearon una capciosa pregunta política de ¿cara o cruz? Pero el denario cayó de canto. Al pedirles que le mostraran la divisa, el Salvador les reveló su hipocresía, puesto que la moneda que usaban llevaba la imagen idolátrica del emperador.

Las respectivas esferas de Dios y de César no son definidas en el pasaje bíblico. Pero Jesús indica el equilibrio justo entre las exigencias de Dios y las de los hombres. Cierto que un cristiano no puede dejar de actuar en la vida pública, pero tampoco se puede gobernar olvidándose de Dios.

Da tu moneda al César, pero a Dios date a ti mismo, dijo San Agustín.

3 Responses to "Política y religión, un juego de cara o cruz"

  1. Apreciado y admirado Jorge Gonzalez

    La lente que le proporciona su profesión, le permite ver con más claridad algunos aspectos de la cotideaneidad, que pueden llegar a pasar desapercibidos para el vulgo.

    El hombre es un ser gregario y a la vez tiene una esencia espiritual. Esto último lo diferencia del resto de los animales.
    Estos dos factores que coexisten en la confuguración intelectual del hombre, constituyen la esencia de la facilidad para vincular prontamente dos aspectos derivados: La política (de su condición gregaria) y la religión (de su condición espiritual).

    Por supuesto que lo que acabo de enunciar en un reduccionismo grosero. Pero la intención es mostrar mediante él, que el hombre (Individuo, indiviso) tiene la predisposición a reunir los elementos políticos con los religiosos.
    Diría que, prácticamente sería contra su naturaleza no hacerlo.

    La cuestión se plantea cuando el hombre que ha mutado su naturaleza espiritual, de carnal a espiritual, debe convivir, cuan armónicamente sea posible, en y con un medio social que se rige por reglas que nada caso hacen de la Fe bien entendida.
    Entonces la Religión y la Política entran en conflicto.

    El individuo que tiene en su naturaleza la capacidad socializadora o gregaria, y la predisposición a satisfacer de alguna manera una necesidad espiritual, debe «desdoblarse», razonamiento mediante, para dirimir esta cuestión.

    Los políticos se meten con la religión y los religiosos con la política.
    Es que la cuestión resulta fácil, porque como traté de elucidar en breve, existe una condición predisponente que facilita este hecho.
    El asunto pasa por las motivaciones que impulsan a políticos y religiosos. Suelen ser intenciones egoístas, demagogas, manipuladoras e incluso totalitarias.

    ¿Fidel Castro comulgando con la Religión? Me preguntaría con cual y luego las cosas se irían aclarando.
    El ejemplo de Hitler lo resume todo, de manera casi paradigmática.

    Pero sin llegar a estos extremos, domésticamente, podemos ver una participación cada vez mayor de cristianos en actividades política.

    ¿Está bien? ¿Está mal?

    Hace un tiempo me planteé la misma cuestión y escribí un post planteando la cuestión a partir de un interrogante: ¿Puede el honesto jugar un juego en donde la deshonestidad es la regla?

    Si dispone de tiempo y desea compartir el tema desde esta perspectiva, lo invito a darse una vuelta y echarle una leída a este breve comentario:

    http://elojoprotestante.blogspot.com/2006/10/puede-jugar-el-honesto-un-juego-en.html

    ¡Bendiciones!
    Respetuosamnte
    Daniel E. Dañeiluk
    Buenos Aires, Argentina

  2. Soy español, pero toda mi familia es cubana… yo tambien me siento cubano, tengo muchos familiares en Miami tambien.
    Me gusta mucho Justo Gonzalez, y estoy de acuerdo con el , que la revolucion que falta es la revolucion del Amor…, Como me gusta también «A solas con Dios» (suyo también) un deleite y se ve su profundidad espiritual. Mi familia lo conocia y amaba.
    Politica y Religion, agua y aceite.
    Me gusta tu blog… te seguiré visitando

  3. Pienso, y puedo equivocarme, que un cristiano puede participar en política y trabajar en el gobierno en cualquiera de sus esferas; lo que no veo bien, y también puedo equivocarme, es que un ministro del evangelio pretenda posiciones políticas. En mi país un «profeta», conocido predicador, al cual conocí muy de cerca, llegó a la presidencia de la república y salió al exilio (le dieron golpe de estado a la mitad de su mandato) debido a su desgobierno y corrupción, por cierto cuando llegó a la presidencia estaba quebrado y ahora es un poderoso magnate viviendo en otro país.

    Lastimosamente al presente ministros del evangelio están participando en la política de mi país y están poniendo en mala posición a la iglesia del Señor con su testimonio, para ellos todo es juego de consensos. Con tal de llegar al poder, y disfrutar sus mieles, se unen moros y judíos, según un dicho popular.

    Pude conocer algo de la situación política de Guatemala pues participe en algunos movimientos estudiantiles, era de moda hacerlo entre los jóvenes románticos e intelectuales (o por lo menos uno se lo creía). Bueno, eso y otras cosas me permitieron conocer algunas interioridades de nuestra política casera; por cierto eso fue ante de que Cristo salvara mi alma. Por eso pude conocer esa olla de grillos. Por lo que estoy de acuerdo en que debe haber un equilibrio entre lo que se relaciona con la eternidad y lo presente y pasajero.

    Se está levantando una tendencia en algunos lugares por llevar pastores a puestos públicos, y no es suficiente conocer la Biblia para ocupar determinadas posiciones, ¿será por el número de ovejas? Creo que los pastores se están adjudicando a sí mismos el éxito en su ministerio y están dejando por un lado al Dios Trino.

    Al final de los tiempos no ira a ser que el camaleónico anticristo vendrá disfrazado, de político y predicador, entre otras mascaras.

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