La mayoría de las editoriales, incluyendo las cristianas en español, tienen la política de no leer manuscritos o propuestas que no hayan solicitado. Pero los escritores inéditos, apretando su sueño debajo del brazo, insisten, envían correos electrónicos a diestra y siniestra y persiguen por los pasillos de todas las ferias de libros a los escurridizos funcionarios que pueden decidir sobre la suerte de su obra pero que están más bien enfrascados en vender lo que tienen.
Sin embargo, a veces suceden milagros. O simplemente tocamos a la puerta adecuada en el momento oportuno.
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