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Nombrar las Biblias

Si bien el mercado de los libros cristianos parece cotizarse a la baja, las ventas de Biblias en español van en aumento de una forma asombrosa. De manera que cada vez más frecuentemente sale una nueva Biblia al mercado. Biblias en todas las formas, gustos y necesidades.

Biblias para sordos, para invidentes, para iletrados, para alcohólicos, para mujeres, para jóvenes, para niños, para católicos, para los que no son católicos. Biblias para evangelizar, para pastorear, para estudiar la Biblia. Biblias y más Biblias.

¿A qué obedece semejante fenómeno de mercado si estamos hablando de un voluminoso texto dirigido a un público que cada vez lee menos y tiene menos para pagar? ¿Compulsión consumista? ¿Mercadotecnia? ¿Iglecrecimiento? ¿Necesidad espiritual en aumento? ¿O todo esto junto?

Ante tal avalancha de Biblias de distintos tipos, el lector apegado a un solo texto se siente desorientado. El gran público apenas sabe que las Biblias “especializadas” son como los anticatarrales en la farmacia, que básicamente tienen el mismo contenido con algunos ingredientes extras que le dan el mérito para cambiar de nombre.

Sin embargo, opino que no se explica lo suficiente –ni siquiera en las introducciones de las propias Biblias– las fuentes bibliográficas usadas o las diferencias que existen entre «textos originales» e «idiomas originales»; o conceptos como «copias más antiguas», «revisiones», «versiones» y «traducciones» de la Biblia. Tampoco las diferencias entre una Biblia de estudio, una comentada y una con notas o apéndices de ayudas.

El asunto se ha vuelto tan dudoso que muchos lectores de Biblia prefieren atrincherarse en las ediciones más viejas, sin tener en cuenta que las traducciones modernas por lo general tienden a ser más fidedignas, puesto que se remiten a mejores exégesis y a manuscritos todavía más antiguos encontrados o esclarecidos recientemente.

En otros tiempos solo bastaba una sobria cubierta que dijera “Biblia”, “La Biblia” o “Sagrada Biblia”. Pero en su afán de aparentar un producto diferente, exclusivo o de apegarse lo más posible a su equivalente en inglés, algunas editoriales a veces eligen nombres y formatos para sus Biblias que van de lo sublime a lo macarrónico, en tanto que otras prefieren ser menos poéticas y sí más técnicas o descriptivas en sus títulos.

Así tenemos La Biblia de las Américas, Biblia de Jerusalén, Nueva Biblia Española, Dios Habla Hoy, Vida Plena, Biblia Latinoamericana, Biblia Amplificada… y un largo etcétera.

Finalmente casi todos acabamos por identificar a las versiones bíblicas por sus siglas, y llamamos RV a la Versión Reina-Valera y NVI a la Nueva Versión Internacional.

Usted, simple buscador de la Palabra de Dios, sólo quisiera saber que ese preciado libro contiene las Sagradas Escrituras, pero lea las letras pequeñas de las primeras páginas interiores, quizás debiera conocer que particularmente tiene en su mano una TLA, LDP, NC o una VM, lo que es lo mismo pero no es igual.

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2 Responses to "Nombrar las Biblias"

  1. Efren Lira dice:

    Deseo saber si alguna institucion me podria ayuar a conseguir biblias y folletos para evangelizar….Pertenesco a una Iglesia y necesitamos material/… Gracias

  2. Alberto Zuñiga dice:

    Hoy en día el sueño de todas las editoriales cristianas que pueden darse ese lujo es tener su propia traducción de la Biblia, sobre todo para evitar tener que pagar derechos de autor a la hora de citar los textos bíblicos en sus libros. Pero el mercantilismo de las Biblias es algo que ya está poniendo a pensar hasta las propias editoras. Acabo de leer en Publishers Weekly, por ejemplo, que Paul J. Caminiti, editor de Biblias de Zondervan, dijo que es preferible concentrarse en hacer menos pero mejores Biblias: http://www.publishersweekly.com/article/CA6490694.html
    Otra cosa es que de todas formas no se puede parar que la gente se pase los archivos de los textos bíblicos por Internet, y los baje de aquí y de allá. Así pasó con la música. La Palabra de Dios debe ser de libre acceso.

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